Esperanza entre dunas

¿Sabíais que entre las dunas de un desierto se puede esconder la magia? Pero, a veces, mantenerla viva puede ser muy difícil. Si no, echemos un vistazo al pueblo saharaui, que desde hace la tira de años vive en campos de refugiados muy lejos de su tierra.

Cuando el mundo era de cuatro gatos...
Hubo una época, no hace tanto tiempo (final del siglo XIX, principio del XX), en que unos cuantos países de Occidente se repartieron el mundo como si fuese un pastel de cumpleaños. España, entre otros países, se quedó con el pedazo que correspondía al Sahara Occidental (en el noroeste de África).
Así pues, España, siguiendo el ejemplo de países como Francia, Gran Bretaña, Alemania o Bélgica, se convirtió en el amo y señor de esta parte del Sahara bañada por el Océano Atlántico. Tal como os digo, España hacía y deshacía por el Sahara como la Bruja Enamorada cuando viene al castillo.

       
Sabías que...
Después de muchos tira y afloja, no fue hasta 1975 (no hace pues tantas lunas) que España decidió hacer las maletas y marcharse. El caso es que a los españoles no se les ocurrió nada más que repartir su parte del pastel del Sahara entre Marruecos y Mauritania. El Sahara Occidental sólo había pasado de unas manos a otras.
Como era de esperar, a la población autóctona, es decir, a los saharauis, no les hizo ni pizca de gracia que se los repartiesen así como así, por eso proclamaron la República Árabe Saharaui Democrática y empezaron a luchar para deshacerse de los dos nuevos países que los ocupaban.
Mauritania renunció a los territorios que les había dado España, pero fueron ocupados por Marruecos.